¿Qué muestra buena parte del cuadro de la vida del mundo? La humanidad andando en las tinieblas, las sociedades confundidas entre las sombras y el hombre esclavo de la pena y llorando sobre la vacuidad. Llorando, aun, aquellos repletos, pero sólo de lo efímero. ¿No es demasiado lúgubre el pensamiento trazado a manera de prólogo? Tal vez, pero no tanto como para dejar de exclamar: ¡Al mundo le hace falta un Janucá!
A partir de anoche, el judaísmo empezó a celebrar Janucá, la fiesta de las luces o luminarias. Esta festividad durará 8 noches. Cada noche se prenderá una vela. Con ello se conmemora una epopeya y un milagro. La epopeya la llevaron a cabo los Macabeos, judíos que se rebelaron contra quien gobernaba la tierra de Israel, el griego Antíoco Epifanes, un monarca invasor que sometió al pueblo, arrasó con su cultura y vilipendió toda la religión judaica. A pesar de la inferioridad numérica y de las condiciones precarias en cuanto a armamento, los Macabeos se revistieron de coraje y de fe y emprendieron la lucha, logrando echar a los griegos. Limpiaron el templo y declararon la independencia.
El milagro sucedió inmediatamente después. La menorá (candelabro) del edificio sagrado debía ser encendida, tal como lo ordena el rito, con aceite de olivo puro, pero todo el aceite del templo había sido contaminado por los invasores. Alguien, en algún lugar impensado, encontró una vasija con aceite no profanado, pero el líquido era escaso y sólo alcanzaba para una noche. No obstante, una vez encendidas las velas, éstas ardieron durante ocho noches.
Reflexión
Cada sociedad, cada persona, afronta problemas distintos, pero los efectos son iguales: La aflicción. No son muchos, ciertamente, los que están a salvo de tal oscuridad. Pero ¿qué hacer? En la historia de los Macabeos puede encontrarse la respuesta: Primero el hombre y su decisión (compromiso) de recuperar el espacio, la vida que le corresponde y le fue arrebatada, luego la acción plena de fe. Y ante tamaña empresa, ante tal decisorio y coraje humano, ante tal confianza en la lucha, la luz ni puede sino encenderse. Por eso hoy ante la presencia de tantos “Antíocos” en Medio Oriente, en el mundo y desde luego en Latinoamérica; ante tantas dificultades que se presentan y que afectan a las sociedades y al hombre común, sólo queda la acción, la fe y la certeza del triunfo.
De paso digamos que el jueves próximo, a las 20, en la Plazoleta Caggiano, a metros del Monumento, la colectividad judía, organizado por Beit Jabad, encenderá un candelabro, con lo que se simbolizará que la luz no es sólo para el pueblo hebreo, sino para todos. Hará uso de la palabra el rabino Shlomó Tawil. Hace unos días, el jueves pasado, el jasidismo de Jabad celebró su nuevo año, que corresponde al día en que fue liberado su fundador, el rabi Shneur Zalman, de la cárcel zarista. A propósito, el director de Beit Jabad de Rosario, rabino Shlomo Tawil, ha escrito unas palabras sobre la problemática del ser humano de siempre y particularmente de nuestros días. Es necesario reproducir algunos de sus conceptos, porque tienen que ver con la forma de superar tanta depresión vigente. Dice: “Hace mucho tiempo, todos los libros trataban sobre ser perfecto. Cada libro decía: así es como se supone que debes ser; ahora ve y sé eso. Entonces el rabino Shneur Zalman de Liadi (1745-1813) escribió un libro para el resto de nosotros. Lo llamó Sefer Shel Benonim, que significa “El hombre promedio”. Se trata del primer libro de iluminación cabalística para el individuo común.
El libro completo –dice Tawil- trata sobre el por qué uno no debería estar deprimido y padecer los demás males típicos tales como culpa, apatía y sentimientos de insuficiencia. La respuesta está escrita en 53 breves, pero expresivos capítulos. El texto nos dice de una y otra forma: Deja de pensar en quién eres y en quién se supone que debes ser y empieza a recapacitar sobre lo que se supone que deberías estar haciendo. No pensar qué soy, sino dónde estoy. Qué soy significa: ¿Cómo me siento con respecto a esto? ¿He alcanzado la iluminación? ¿Llegué allí? ¿Logré el propósito? En cambio dónde estoy es: ¿Qué estoy haciendo, hablando y pensando en este momento?”.
En su texto, Tawil cuenta que “el Rabino Shneur Zalman aconsejó una vez a alguien. Se trataba de un hombre de negocios que era también un estudioso y un jasid. El se lamentaba por sus pérdidas financieras que no le permitían pagar sus deudas o cumplir compromisos con su familia. "¡Todo lo que pido es que Dios me proporcione los medios para mantenerme erguido y para librarme de mis deudas con otros!”, gritaba. A esto le respondió el rabino: “Estoy escuchando mucho sobre lo que necesitas. ¿Podríamos oír algo sobre por qué tú eres necesario?".
Tawil prosigue con un mensaje sobre el que es menester meditar: “¿Quién te necesita? El mundo. De lo contrario, no habrías sido puesto aquí. Eso es sobre lo que todos estos retos de la vida tratan; ellos son el mundo llamándote y diciendo: ¡Tómame! ¡Cámbiame! ¡Transfórmame! Estás aquí en una misión y ella no es ser Superman o la Mujer Maravilla o incluso Súper Alma, estás aquí en la misión difícil de luchar en el barro con el mundo real, dentro de un cuerpo muy limitado, con una frágil personalidad humana para transformar todas las cosas en algo divino. Seguro que vas a defraudarte a ti mismo de vez en cuando ΩdiceΩ. El objetivo final es algo que nunca se puede alcanzar por nuestra cuenta. La mayoría de nosotros termina con una libra de fallas por cada onza de éxito. ¿Pero qué tiene que ver esto conmigo? Simple: tu función es mantener a flote el barco y en rumbo correcto a través de mares turbulentos. ¿Daños colaterales? ¿Mareos? Trata de evitarlos, pero los enfrentarás cuando ocurran; vienen con el desafío”. Para un mundo, un país, en donde las dificultades arrecian y el hombre vive demasiado enojado y lastimosamente deprimido, sigue siendo necesaria la luz, un Janucá.



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