Por lo menos 2.000 argentinos de origen judío fueron asesinados y sus cuerpos permanecen desaparecidos a 32 años de la instauración del último gobierno militar. Referentes de la comunidad judía aseguraron que los represores llevaron a cabo un “plan sistemático antisemita”, resaltaron el “ensañamiento” del que fueron víctimas los detenidos judíos y compararon su accionar con el de los nazis en la Segunda Guerra.
Actos, movilizaciones y homenajes fueron previstos este lunes en toda la Argentina para conmemorar el 32º aniversario de la instauración de la más sangrienta dictadura que, entre 1976 y 1983, asesinó a 30 mil personas, entre ellas 2.000 de origen judío.
Decenas de causas judiciales permanecen abiertas en los tribunales contra los represores militares que fueron los dueños de la vida y la muerte, como les gustaba llamarse, en los centros clandestinos de detención ilegal dispuestos en todas las provincias.
Sólo en uno de ellos, la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA), en Buenos Aires, 5.000 habitantes opositores al régimen fueron detenidos, torturados, asesinados y sus cuerpos desaparecidos.
El edificio, transformado en un Museo de la Memoria, fue el principal escenario de una ceremonia en la que participaron dirigentes de diversas organizaciones defensoras de los derechos humanos y credos.
Allí, en 1978, desapareció Patricia, la hija de Rosa Roisinblit, vicepresidenta de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo. Antes de ser asesinada alcanzó a dar a luz a un bebé que recién muchos años después supo su verdadera identidad y se reencontró con su familia de sangre.
Roisinblit, que tiene 88 años, confeccionó la lista de 22 nietos de origen judío nacidos en los campos de concentración de la dictadura.
“La desaparición de mi hija no tuvo nada que ver con ser judía, pero según los relatos de gente que fue liberada sabemos que el ensañamiento con los jóvenes de origen judío fue mayor, les tocó sufrir más en la tortura”, comentó Roisinblit en declaraciones a la Agencia Judía de Noticias (AJN).
La abogada Myriam Bregman, también en diálogo con esta agencia, resaltó que durante el régimen militar “ser judío era un plus que aumentaba la crueldad de los represores y les generaba una sensación particular”.
“Todos los testimonios coinciden en que en los centros de detención, si la víctima era judía, el trato era mucho más cruel”, aseguró Bregman, representante de la familia de Jorge Julio López, quien permanece desaparecido desde hace 18 meses tras dar su testimonio en un juicio realizado al represor Miguel Etchecolatz.
La junta militar llevó a cabo un “plan sistemático antisemita” y atacó a los judíos “con el doble de violencia y ensañamiento”, afirmó Marcos Weinstein, presidente de la Asociación de Familiares de Desaparecidos Judíos en la Argentina (AFDJA).
“Fueron secuestrados no por judíos sino por militantes opositores pero, una vez presos, los trataban como los nazis a los detenidos en los campos de concentración de Alemania o de Polonia”, dijo Weinstein a AJN.
Un informe elaborado por la DAIA sobre la situación de detenidos-desaparecidos judíos durante el genocidio perpetrado por el último gobierno de facto determinó que entre 1.800 y 2.000 integrantes de la comunidad judía fueron asesinados durante los siete años que se extendió la dictadura; sin embargo, a 32 años de su instauración, todavía se desconoce el destino que tuvieron los cuerpos de aquellos detenidos en forma ilegal.
También el rol que cumplieron los principales dirigentes judíos durante el último régimen continúa siendo motivo de discrepancias.
El rabino Daniel Goldman, de la comunidad Bet El, consideró que la comunidad judía en general "no estuvo a la altura de las circunstancias" para reclamar a los jerarcas por los secuestros y asesinatos de sus miembros.
Jacobo Kovadloff, consultor del Comité Judío Americano (AJC, por sus siglas en inglés), opinó sin embargo que si bien los dirigentes “no tuvieron una actitud conjunta, las instituciones judías hicieron lo que pudieron" frente a la represión.
Otras personalidades consultadas resaltaron también la figura del rabino estadounidense Marshall Meyer, quien tuvo un papel fundamental en el auxilio de los judíos perseguidos por los represores. “Se arriesgó y se jugó por los derechos humanos, salvando a los que le fue posible”, rememoró su esposa Naomi, desde Nueva York.
Meyer fue el único representante judío que integró a principios de los ’80 la Comisión Nacional contra la Desaparición de Personas (CONADEP), que elaboró un informe detallado sobre los crímenes de la dictadura que fue llamado “Nunca más”.
TOD-GT
Fuente: AJN
lunes, 24 de marzo de 2008
24 de marzo: Destacan el "ensañamiento" de la última dictadura argentina contra los detenidos judíos
Secciones: Comunidad Judía, Interés General, Noticias 2007-2008
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