lunes, 24 de diciembre de 2007

Mejor, enarbolemos la bandera de la Paz


Por Damián Stiglitz

En la Universidad de Buenos Aires y en todas las universidades públicas del país (universidades públicas en las que la libertad de expresión es uno de los valores fundamentales) nos hemos encontrado en los últimos años con algunas agrupaciones que portan una etiqueta “de Izquierda” pero, al mismo tiempo, creen tener el monopolio del discurso universitario.

Vale decir, ellos creen tener la verdad absoluta y cuando uno discrepa con ellos –en algún tema en particular- lo tildan de “fascista”, “imperialista”, etc. Esas mismas agrupaciones imponen al alumnado un discurso pobre, dogmático, repetitivo a partir del cual muchas veces se defienden causas justas pero otras veces, no.


Y cuando alguien quiere levantar la voz para defender otras causas progresistas o para repudiar una acción esa voz es ahogada. Es ahogada arrancando y rompiendo los afiches de una agrupación opositora (aunque sea de centro-Izquierda e incluso también de Izquierda). Es ahogada al rechazar todo tipo de diálogo, debate u opinión contraria. Es ahogada mediante la agresión, el odio y la violencia discursiva transmitida en carteles, volantes y pintadas provocativas. Es ahogada difamando injustamente al otro. Es ahogada a través del despotismo con que gobiernan muchas Facultades algunas agrupaciones que se etiquetan de “antiimperialistas” pero quieren establecer un Imperio Discursivo conquistando todas las voces de los estudiantes universitarios.


Todos estos grupos autoritarios se contradicen en sus propios principios: algunos se hacen llamar “trotskistas” enarbolando banderas con el rostro de Hassan Nasrallah, líder del grupo terrorista Hezbollah, cuando precisamente León Trotsky escribió un libro titulado Contra el terrorismo en el que rechaza “toda forma de acción terrorista individual”. Es decir, las agrupaciones trotskistas ignoran las propias bases de su ideología. Por lo visto, algunos trotskistas no leen a Trotsky. Simplemente, repiten un discurso preestablecido.

Lo mismo percibimos al ver a estos supuestos trotskistas apoyando a dictaduras teocráticas parecidas a los regímenes fascistas de las que ellos mismos serían las primeras víctimas mortales (y de hecho lo fueron, por ejemplo en Irán donde los Ayatollahes torturaron y ejecutaron a comunistas y socialistas hace algunos años).


Estas agrupaciones defienden el derecho a la autodeterminación de los pueblos y, a su vez, se contradicen definiéndose así mismos como “antisionistas”, o sea, oponiéndose a la existencia del Estado de Israel. De manera que están a favor de la autodeterminación de todos los pueblos menos del pueblo judío. ¿Y porqué el pueblo judío es el único que no debe autodeterminarse? Analicemos su discurso.


Manipulación de conceptos

Para analizar un discurso antisionista debemos estudiar el proceso a través del cual se le llega a negar al pueblo judío el derecho básico a la autodeterminación. Primero, se manipulan los conceptos. Cuando se dice “Israel nazi”, “Israel fascista”, “Israel genocida” es claro que no estamos ante una simple crítica al gobierno israelí. Veamos porqué.


En todos los países, cada Estado puede variar en sus políticas y en sus gobernantes. El gobierno que está hoy, mañana cambia. Un país no es algo estático, sino dinámico.
El Estado no es un gobierno transitorio de un momento dado. Es un conjunto de gobiernos que van variando y en los que puede haber ideologías que oscilen desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda pasando por todo el espectro ideológico.

Calificar a un estado sólo por las decisiones que toma un presidente o un gobierno de turno (de un determinado período) es una estrategia tramposa para confundir los conceptos y, así, poder difamar, criminalizar y demonizar a ese país y, después, deslegitimarlo. En otras palabras, se confunde tramposamente a un país con el gobierno pasajero de ese país para demonizar directamente al Estado (no al gobierno) y, consecuentemente, negarle el derecho a existir.
No se hace la distinción debida entre el gobierno de turno (por un lado), el Estado mismo (por el otro) y el pueblo que habita ese país.

Cuando se critica las políticas de EEUU, en la gran mayoría de los casos, se critica a George Bush o a todo el gobierno. Esta crítica es totalmente legítima y coherente. Nadie dice “EEUU NAZI”, “EEUU FASCISTA”, dicen “BUSH NAZI”, “BUSH FASCISTA”. Y, más allá de que los términos sean exagerados o no (no viene al caso), en esta situación la crítica es totalmente legítima porque va dirigida directamente contra el gobierno y el gobernante, es decir, en este caso George Bush es el blanco de las críticas.


En cambio, cuando fue, en 2006, la guerra del Líbano nadie mencionó siquiera a Olmert, ni al gobierno de Olmert. La culpa era del país, de "Israel". La culpa la tenían la Estrella de David, la bandera israelí y las sinagogas y los cementerios judíos de Venezuela. El culpable de todo era el País Judío. Los insultos iban contra “Israel”, contra la bandera de Israel, poniéndole esvásticas o quemándola (¿Desde cuándo quemar banderas de Israel es criticar al gobierno israelí? ¿Entonces cada vez que quisiéramos criticar una política de Kirchner deberíamos quemar banderas de Argentina?), insultando al pueblo israelí, a los sionistas y el sionismo (cuando, como dijo Abraham Yehoshua, “el sionismo no es una ideología: uno puede ser sionista comunista, sionista liberal, sionista fascista, sionista religioso o sionista socialista").
¿Qué tienen que ver una sinagoga o un cementerio judío con la política de Olmert?

La mayoría de estos actos de violencia son, indudablemente, agresiones contra el pueblo israelí y contra todo el pueblo judío. Por ejemplo, el hecho de quemar banderas de Israel es una agresión contra el pueblo israelí. Dibujar esvásticas sobre la bandera de Israel, escribir “Israel nazi” o poner estrellas de David equiparadas a esvásticas son provocaciones contra el pueblo judío todo y contra sobrevivientes y familiares de víctimas del Nazismo. Y de éstas, hemos visto muchas en la Universidad.


El rebrote de antiguos prejuicios antisemitas

La demonización contra el Estado judío es bastante similar a la tradicional demonización contra el judío, tanto a la idea caricaturesca del judío en la Edad Media como a la posterior demonización del judío que hizo el Nazismo. Podemos percibir claramente las analogías que existen entre la actual difamación contra el Estado judío y la vieja difamación contra el judío. El judío ridiculizado toma el carácter de Estado, se “estatiza”:
Israel es ese judío avaro, materialista, capitalista, que sólo le importa el dinero y el capital.
Israel es ese judío narigón, orejón, encorvado y feo que molesta, que estorba y que hay que expulsarlo, hay que destruirlo, borrarlo del mapa y tirarlo al mar.
Israel es ese judío rencoroso y vengativo que pasa de ser víctima a ser “victimario”, de “perseguido” a “verdugo”.
Israel es aquel judío tradicionalista, respetuoso de Pesaj , que está “sediento de sangre” y necesita “su porción de carne humana” (frase que se ha dicho literalmente en marchas contra Israel el año pasado y nos hizo recordar que antes, a los judíos, se los acusaba injustamente de comer niños cristianos en Pesaj: “de comer su porción de carne humana”).
Israel es aquel judío imperialista y conspirador que controla el capital financiero, la Política y todos los medios de comunicación a través del “lobby sionista”, del “lobby judío” y del “Sionismo Internacional” (¿El “Judío Internacional” no querrán decir?) y quiere dominar el mundo (como lo adelantaron los Protocolos de los Sabios del Sión).
La “conspiración judeo-marxista” para dominar el mundo se transforma ahora en la “conspiración sionista” de dominación mundial a través del lobby israelí.


Consideraciones finales

Es muy claro cómo los mismos prejuicios tradicionales contra el judío son desviados ahora (por cuestiones legales) contra el Estado Judío.
Mientras aún persiste –aunque repudiado jurídica y socialmente- el viejo antisemitismo (propio de los neonazis), en el presente nos enfrentamos ante el antisemitismo que “estatiza” al judío y vuelca los antiguos prejuicios antisemitas en el país judío. Esta expresión del antisemitismo crece y es preciso detenerla por más que ahora tenga una máscara pseudo-progresista y antiimperialista. Para ser antiimperialista no es obligatorio negarle el derecho a la autodeterminación a ningún pueblo.

3 comentarios. Déjenos su comentario:

Anónimo dijo...

Interesante el análisis. La izquierda más radical se toca bastante con la derecha

Anónimo dijo...

un buen resumen de lo que es la extrema izquierda en argentina, AMerica Latina y en todo el mundo.

Anónimo dijo...

brillante texto!! claro y sustancial