
Por Shlomo Ben-Ami – Yediot Aharonot
Traducción de Lea Dassa para La Voz Joven
Israel es una de las historias más exitosas de la era moderna. Una Nación que renació de los sobrevivientes de la Shoá y comunidades de desarraigados, que afloraron de las cenizas.
Los judíos convertidos en israelíes construyeron una economía pujante, conformada en su gran mayoría sobre las riquezas cualitativas humanas. Ellos desarrollaron la agricultura moderna de las más avanzadas del mundo, que revive el idioma hebreo y lograron salvaguardar la democracia, aunque no perfecta, de todas maneras existe y florece.
Con todo, en el 60 cumpleaños Israel se enfrenta a una encrucijada de gran importancia. El destino del Estado, ni más ni menos, está sobre la balanza. Después de todo, fue el mismo Primer Ministro que advirtió que si Israel continuará complicándose en los territorios ocupados, y si no se establecerá un Estado Palestino, esto podría ser “la culminación del Estado Judío”.
Los problemas internos de Israel, constituyen un serio desafío. Los fundadores vaticinaron una sociedad monolítica, de zabras (nativos de Israel) – “el nuevo hombre” de la revolución sionista. Pero esta visión se desmoronó en pedacitos, una sociedad que sufre de una gama de presiones inter-comunitaria, cuya economía, por más creativa que fuere, gime bajo el yugo presupuestario de seguridad, y éste amenaza con perjudicar las inversiones en educación e investigación científica.
El alma israelí se balancea, si utilizamos la metáfora, entre el Estado Tel Aviv y el Estado Jerusalén. Tel Avib es la evolución moderna de Israel, que adopta la cultura secular, el hedonismo y el florecimiento económico. Tel Aviv cambió el etos de los vanguardistas con tentaciones de modernismo, liberalismo y “normalidad”.
La ambición por la normalidad a cualquier precio es vista a los ojos de la Israel diferente, la jerosolimitana, como algo aplanado, que se conecta con una indiferencia casi delictiva con lo profundo del recuerdo y las lecciones judías extraídas de la historia. La Israel de Jerusalén es el fervor a las raíces, un temor inmerso a los árabes y desconfianza incólume a los gentiles.
Israel nació en la Guerra – y desde entonces vive expectante. Sólo en contadas ocasiones en la historia, un movimiento nacional marchó hacia la concreción en una manifestación impresionante de habilidad diplomática y capacidad militar. Pero la victoria apabullante contra tres ejércitos árabes en 1967 le brindó a Israel engrandecimiento y brillo, sino también fetidez política y moral. 41 años después de aquella guerra, Israel aún no consigue desembarazarse de la conquista de los territorios palestinos y la agobiante expansión de los asentamientos.
Esto habría sido la paradoja existencial de Israel: una sensación de poder combinada con el miedo apocalíptico al exterminio. La corta historia de Medinat Israel se caracteriza con la respuesta traumática a toda iniciativa que tenga alguna relación con la seguridad y su existencia física, y en las interpretaciones fatalistas a los desafíos que la región requiere. El desafío mayor a enfrentar hoy día, es el cambio radical en la estrategia y encontrar un sustituto a la tendencia tradicional de sus dirigentes de llegar a determinaciones basadas en los peores acontecimientos.
Lamentablemente, la historia del conflicto árabe-israelí demuestra que ninguna guerra que culminó con un sector árabe denigrado, nunca llevó a un acuerdo de paz, así como una victoria absoluta de Israel no provocó que sus líderes actúen con la generosidad de los vencedores. Los avances en el proceso de paz comenzaron, casi siempre, gracias a la iniciativa árabe y no de parte de los israelíes.
Así sucedió en la guerra de 1973, que declaró el Presidente Saddat con el propósito de imponerle a Estados Unidos la mediación en el acuerdo de paz egipcio-israelí, y así aconteció también en 1987, cuando la Intifada obligó a Israel a abandonar la indiferencia y la comodidad política y entrar en un proceso que culminó con los acuerdos de Oslo.
Fue esta la combinación exclusiva de un raciocinio democrático y de utopía, y a través del cual, les brindó las llaves de su futuro. Estas mismas herramientas deben utilizarse para la compleja e imprescindible misión que enfrenta actualmente el Estado de los Judíos: llegar a la culminación del enfrentamiento con el mundo árabe, y específicamente con los palestinos.
Los judíos no sobrevivieron a todos los horrores del exterminio sólo para refugiarse tras los muros de sus creencias, y permanecer justos y obnubilado.
martes, 6 de mayo de 2008
Un Estado en una encrucijada crucial
Secciones: Comunidad Judía, Medio Oriente, Noticias 2007-2008, Opinión
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